Sobre la arquitectura del aprendizaje. La fractura definitiva del espacio-tiempo

 

Sobre la arquitectura del aprendizaje. La fractura definitiva del espacio-tiempo

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Del capítulo 4 “Sobre la arquitectura del aprendizaje. La fractura definitiva del espacio-tiempo”.

Una de las lecciones más relevantes de treinta años de contracultura digital es la radical transformación del espacio-tiempo en la educación y el consiguiente énfasis en el aprendizaje para toda la vida. La curva de innovación en el ecosistema de la educación ha dado un gran salto cuantitativo y cualitativo en la última década y seguirá haciéndolo en los próximos años. Dieciocho años atrás, en The Rise of the Network Society (1996), Manuel Castells analizaba la decadencia de la educación formal en cuanto a su limitado entendimiento del espacio-tiempo. Según Castells, la sociedad red está organizada con nuevas lógicas de tiempo de aprendizaje veinticuatro horas, y espacio de flujos. Si bien existen intentos de la educación formal que usa entornos personales y virtuales de aprendizaje abiertos las veinticuatro horas (PLE), las pedagogías de la educación formal aún no se adaptan de forma masiva a esta dinámica 7/24, global y centrada en el binomio presencialidad-virtualidad.

Otra lección de la digitalización es que el usuario de un producto o servicio no tiene que asistir imperiosamente a un espacio físico para beneficiarse de su consumo. Lo mismo le sucede al creador y su espacio de producción: no debe asistir físicamente al mercado del pueblo para promover la transacción. Esto no hace inservibles o resta valor a los espacios físicos públicos, sino que los reconfigura, dándoles un nuevo significado y utilidad. Se entiende el espacio como una tecnología. En el postdigitalismo, los espacios físicos se transforman en ecosistemas multitarea adaptables con una infraestructura de conectividad, para la mayor y mejor formalización de redes y lazos sociales débiles. Con una arquitectura de la conectividad más sofisticada y sin barreras, se generan más y mejores conexiones. La consolidación de tal concepción móvil de espacio-tiempo reconfigura el hábitat hiperlocal de las empresas, administración pública, escuelas, universidades, bibliotecas y otros entornos laborales, de ocio y de aprendizaje.

Estos entornos adquieren una nueva dimensión que, por su carácter analógico, es irremplazable y complementaria con la dimensión virtual. Ir a trabajar ha sido reemplazado en muchos casos por teletrabajar por objetivos, sin colocar en el centro de la escena el espacio físico o dejando en un segundo orden la relevancia del cumplimento de un horario laboral. Forrester Research señala que en 2016 el 43% de la fuerza laboral de EE.UU. trabajará en su casa.

En la educación formal, este rediseño debería partir de dos premisas:
1. Deslocalización del puesto de trabajo (para el docente) y del espacio de estudio (para el alumno).
2. Espacios físicos multiformato adaptables para promover el aprendizaje en red.