Capítulo 4. Sobre la arquitectura del aprendizaje.

Capítulo 4. Sobre la arquitectura del aprendizaje.
Capítulo 4. Sobre la arquitectura del aprendizaje.
Capítulo 4. Sobre la arquitectura del aprendizaje.

Capítulo 4. Sobre la arquitectura del aprendizaje.

#todoespacioesaula #peeragogy #aprendizajeinvisible #espaciosLEGO #tercerespacio

Otra lección de la digitalización es que el usuario de un producto o servicio no tiene que asistir imperiosamente a un espacio físico para beneficiarse de su consumo. Lo mismo le sucede al creador y su espacio de producción: no debe asistir físicamente al mercado del pueblo para promover la transacción. Esto no hace inservibles o resta valor a los espacios físicos públicos, sino que los reconfigura, dándoles un nuevo significado y utilidad. Se entiende el espacio como una tecnología. En el postdigitalismo, los espacios físicos se transforman en ecosistemas multitarea adaptables con una infraestructura de conectividad, para la mayor y mejor formalización de redes y lazos sociales débiles. Con una arquitectura de la conectividad más sofisticada y sin barreras, se generan más y mejores conexiones.

La consolidación de tal concepción móvil de espacio-tiempo reconfigura el hábitat hiperlocal de las empresas, administración pública, escuelas, universidades, bibliotecas y otros entornos laborales, de ocio y de aprendizaje. Estos entornos adquieren una nueva dimensión que, por su carácter analógico, es irremplazable y complementaria con la dimensión virtual. Ir a trabajar ha sido reemplazado en muchos casos por teletrabajar por objetivos, sin colocar en el centro de la escena el espacio físico o dejando en un segundo orden la relevancia del cumplimento de un horario laboral. Forrester Research señala que en 2016 el 43% de la fuerza laboral de EE.UU. trabajará en su casa.

En la educación formal, este rediseño debería partir de dos premisas:
1. Deslocalización del puesto de trabajo (para el docente) y del espacio de estudio (para el alumno).
2. Espacios físicos multiformato adaptables para promover el aprendizaje en red.

En el caso de las endogámicas estructuras de la educación formal iberoamericana1, un rediseño arquitectónico resultaría atractivo en todos los sentidos, tanto para transformar la experiencia del aula como para evitar la fuga de talento local y captar talento internacional más competitivo.

En el trabajo que hemos realizado en 2013 desde Outliers School para el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín (Colombia), se ha analizado cómo con los procesos de digitalización del conocimiento era posible que el espacio físico se convirtiera más en un nodo cultural de la comunidad que en un espacio para compartir objetos físicos. La biblioteca es en forma decreciente un sitio para leer y distribuir libros. El desafío pasa por crear una logística de usabilidad -hacer más fáciles de utilizar las interfaces de acceso a la información y el propio espacio físico- para que los ciudadanos puedan involucrarse en el rediseño de este servicio público y explotar sus posibilidades al máximo. La experiencia del mundo digital permite reconfigurar los espacios analógicos de una manera disruptiva y con énfasis en la experiencia local, que siempre será más valiosa en términos analógicos que digitales. Los espacios físicos se recrean como nuevas y más atractivas interfaces, con el objetivo primordial de potenciar el factor red.

Todo espacio (de flujo) es un aula. El más inteligente del aula debería ser EL AULA

En este ecosistema pedagógico de flujo, deslocalizado y con espacios físicos multiformato, la escuela-fábrica pierde sentido para dar paso al diseño de laboratorios de acceso abierto, favoreciendo una actitud hazlo tú mismo, basada en mover el espacio físico de la interacción fuera del aula y hacerlo disponible a toda hora y en todo lugar. En Where Good Ideas Come From. The Natural history of Innovation (2010), Steven Johnson analiza las redes líquidas y destaca el valor de los Labs como generadores de ideas. El flujo de la conversación en el grupo transforma un estado sólido tradicional en una red líquida: “La zona cero de la innovación no es el microscopio sino la mesa de reuniones”, afirma Johnson (2010).

Sin embargo, en la educación formal sigue predominando la arquitectura de la escuela-fábrica del siglo XIX. La manera más eficiente de congelar redes líquidas es separar a las personas por edad y diseñando espacios para que trabajen de forma individual. Precisamente esto es lo que hacen las instituciones educativas con sus alumnos y profesores. La escuela-fábrica ha sido diseñada con lógicas de organización muy reconocidas (Cobo, 2012): vestimenta e incentivos (exámenes y calificaciones), uniformes para todos los alumnos, organización del tiempo en bloques temáticos y desconectados entre sí, filas de asientos en el aula y una jerarquía vertical en la organización del tiempo basada en el poder del profesor (la clase comienza cuando el profesor llega, y si no asiste físicamente, “no habrá clases”). Y lo que es peor, ha sido diseñada con una arquitectura de panóptico para vigilar y castigar los comportamientos de los estudiantes fuera de la norma. El objetivo ha sido siempre formar ciudadanos fieles al Estado y a la sociedad industrial, con habilidades para volverse trabajadores de la burocracia estatal y de las fábricas.


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