Capítulo 3. Sobre las redes profesionales.

Capítulo 3. Sobre las redes profesionales.
Capítulo 3. Sobre las redes profesionales.
Capítulo 3. Sobre las redes profesionales.

Capítulo 3. Sobre las redes profesionales.

#vivirenLab #mespheres #digitalvertigo #clusters #desburocratizaredes

Para entender mejor la afirmación “Somos las redes de las que formamos parte”, vale recordar el efecto red que propone la Ley de Metcalfe y sacarla del mundo de las telecomunicaciones para traerla al de las redes profesionales: el valor de un nodo en una red aumenta si la red es mayor y más pertinente a sus intereses, de modo que cada crecimiento de la red hace crecer el valor de un nodo dentro de la misma.

Esto explica la importancia de trabajar en la construcción de redes profesionales, al tiempo que explica el valor de las redes sociales en el mercado financiero. Con la creciente expansión de los espacios híbridos y virtuales, el destino profesional está más condicionado por el talento y la red de la que se forma parte, que por el lugar donde se ha nacido o el título universitario que se posee. En tal medida, la primera norma de construcción de redes profesionales a tener en cuenta es que no se debe pensar en ellas solo cuando se necesita hacer usufructo de las mismas. A esta norma, se suma la que Daniel Goleman (2013) describe como SOY lo que creo que tú crees que soy. Para este psicólogo norteamericano, “nuestra sensación de identidad aflora en nuestras interacciones sociales, porque los demás actúan como espejos que nos reflejan” (2013: 91).

Tres décadas de contracultura digital han enseñado que la generosidad y la colaboración en proyectos de liderazgo ajeno es un valor para obtener visibilidad y posterior legitimidad en la red de interés. La mejor estrategia para acercarse a donde uno quiere llegar profesionalmente es aportar de menos a más en la red que ya está realizando lo que se quiere hacer en el futuro. Y en dicha red, la integración se da -al menos en un comienzo-, exclusivamente aportando valor a la conversación, sin pedir ni exigir nada. Para que los demás reconozcan el trabajo ajeno, se debe aportar algo que la red original considere útil y comience, así, a percibir al nuevo miembro como un valioso jugador del equipo.

En Networked. The New Social Operating System (2012), Lee Rainie y Barry Wellman definen el momento actual como un “individualismo en red”. Estos autores consideran que se vive una etapa donde el centro de la comunicación son las personas, por encima del grupo social, del barrio o del trabajo: el centro es la persona, quien es a la vez receptora y emisora de contenidos, y quien participa de múltiples redes con diferentes lógicas e intereses. El caso es que las redes digitales están fragmentadas y atraviesan transversalmente los entornos profesionales de las personas. La gente no es adicta a las tecnologías, sino a la comunicación. Por tal razón, las tecnologías son secundarias y se tiende a utilizar las más simples y con mejores índices de usabilidad.

Es absurdo y contradictorio decir -como algunos lo expresan- que la Web social o la comunicación móvil afecta negativamente la relación entre las personas. Por el contrario, la gente se comunica más y mejor, pero de manera diferente. Con sus dispositivos inteligentes las personas se están conectando mejor especialmente con sus lazos sociales débiles. Trabajo y vida de hogar se han fragmentado y fusionado, eliminando las limitaciones espacio-tiempo. Mientras permanecemos conectados, se trabaja en el hogar, pero también se realizan comunicaciones lúdicas en el trabajo. La relación históricamente diferenciada entre trabajo y ocio se difumina. Los tiempos muertos de espera en el transporte público o haciendo una pausa de café se han convertido en oficinas móviles.

Según el informe La Sociedad de la Información en España 2013 de la Fundación Telefónica (2014), un usuario medio en España consulta el dispositivo móvil inteligente unas ciento cincuenta veces al día, y la frontera entre consumo lúdico o consumo profesional se ha dispersado totalmente. Lo mismo sucede con la esfera pública y privada de nuestras vidas. A nivel de arquitectura de las redes y de sus consecuencias a nivel de privacidad, esto parece ser bueno y malo a la vez, como se analiza en el epílogo de este #OpportunityValley.

En Digital Vertigo. How today’s online social revolution is dividing, demising, and disorienting us (2012), Andrew Keen alerta sobre la constante violación de la privacidad que representan los medios sociales. Para Keen, los seres humanos somos sociales, pero también apreciamos la privacidad. Keen se pregunta: ¿debe ser la conectividad total nuestro modo de vida por defecto? Lo que no se comparte es tan importante como lo que se comparte. Por tal razón, es imprescindible elaborar una estrategia de visibilidad en redes profesionales. No todo es comunicable.

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